Desde Almassil

También en Mislata: “No es más limpio es que más limpia sino el que menos ensucia”

En poco más de dos kilómetros cuadrados convivimos cerca de 50.000 personas a diario. Mislata es una ciudad con una gran población en un pequeño espacio que a su vez que genera una gran cantidad de desperdicios. Esto no sería un problema si hubiese una conciencia colectiva sobre esa frase que tanto nos dijeron nuestras madres cuando éramos pequeños: “No es más limpio es que más limpia sino el que menos ensucia”.

Desgraciadamente, el cumplimiento de esa frase sólo debe seguirse de puertas para dentro de la casa de cualquier vecino. Eso esperamos, porque si en cada domicilio se actuara al igual que se hace en la calle, las viviendas de Mislata serían un estercolero. Día a día encontramos en nuestras aceras bricks de zumo, envoltorios diversos, colillas de cigarrillos dispuestas en forma de montaña… Da igual lo mucho que se esfuerce el equipo de limpieza municipal o los operarios de refuerzo, mientras no tomemos todos conciencia de que la calle no es un estercolero la suciedad no cesará.

En esta guerra contra la limpieza se ha buscado un cabeza de turco en los propietarios de mascotas. Es bien cierto que en algunas zonas del municipio siguen apareciendo excrementos, aunque afortunadamente este ratio de cacas por metro cuadrado se ha reducido bastante en los últimos años. Aún así, el problema sigue existiendo en las zonas menos transitadas, en la que el incivismo toma un protagonismo más alto, llegando a aparecer lo más variado en basura. Por lo tanto, no es sólo un problema de cacas caninas, esto va más allá. Se trata de un problema de educación. Hay que asumirlo, hacer autocrítica y recordar cuando pasemos por la calle y veamos un chicle pegado a la acera, si pudimos ser nosotros, si esa bola de publicidad que nos incómodo es ahora la que encontramos en la puerta de nuestra casa o bien si ese envase de yogurt que avanza empujado por un coche es el que se nos cayó de la bolsa de basura antes de tirarlo al contenedor.

Reflexionemos. Pensemos que no por situar más papeleras o por reforzar el servicio de limpieza va a desaparecer ese problema. Un problema educativo que aumenta por la densidad de población. No hay que olvidar la frase ‘de madre’ con la que titulamos este post: No es más limpio es que más limpia sino el que menos ensucia.

Por cierto, este post lo origina una frase real de una madre en la puerta de uno de los colegios de Mislata. Una frase que ilustra bien a las claras el problema, una premisa que yo recordaba haber escuchado en los 80: “Tíralo al suelo, que a los barrenderos les pagan por limpiar”. Una experiencia real que define muy a las claras que el problema en nuestras calles no tiene nada que ver ni con los perros ni con el servicio de limpieza, va más allá y sólo nosotros podemos cambiarlo.

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